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La Coctelera

ERES AMOR

Te espero con las ansias que me da la amplitud de mis pensamientos y la vorágine de mis deseos; con la fuerza que avasalla y la calidez de mi piel la transforma en leños ardientes y crepitantes; con el sofocante latido de este corazón que no deja de golpear en el pecho cuando sabe de tu llegada.

Y cuando llegas me transformo en reina, princesa, sirena, pordiosera, y en todo aquello que tu esencia logra de mí, y sin quererlo comienzo a florecer.

Florecen mis manos al tocarte, mi boca al rozar tus labios, y mis ojos enceguecen ante la claridad de tu presencia.

Porque eres luz, brisa, lluvia, sol, amaneceres, campanas tañendo, aroma de pinos, reir de jilgueros.

Eres viento y calma, sol y luna.

Eres milagro, eres amor.

Marta
05-09-2010

Quisiera

Quisiera hacerte un lazo con estrellas
para salpicarte de plata y de rocíos,
que tu risa se ilumine con la luna
y tu sombra vague rauda por los ríos.

Que tus manos acaricien el ocaso
presurosas con sus ansias y sus bríos,
y te lleven en el aura de la noche
bebiéndote tus sabores y los míos.

Marta- Agosto 2010

¿El amante?

Estaba durmiendo molesta cuando comencé a sentir sobre mi piel la tibieza de la suya.

Proyecté entre sueños que había llegado a mí tal cual lo imaginara con cada latido de mi corazón.

Me quedé sosegada y mansa esperando se recostara en esa cama pequeña donde cada noche, al querer dormirme, las estrellas acunaban mis sueños arrullándolos desde sus titilantes guiños.

Mi cuerpo, enteramente desnudo, preludió la figura firme, fuerte, grácil y ávida de ese otro que había llegado y que, si bien no me pertenecía, había logrado que me sintiera hambrienta de él y de sus avezadas maestrías en el simposio del amor.

El contacto comenzó siendo volátil pero enérgico.

Sentía todo su cuerpo pegado al mío, y su calor y tibieza me producían esa laxitud donde mi mente deambulaba entre el placer, la locura y la inconciencia.

Mi espalda, con su piel suave y tersa, se excitaba y tensaba ante el contacto de esas caricias que recorrían mi columna vertebral, abrazaban mis hombros y minaban mi razonamiento para convertirme en un ser indefenso y sólo ansioso de esas caricias que mi piel pedía a gritos.

Excedida ya por tan febril contacto, necesité abrazarlo para comenzar juntos el camino donde nuestros instintos se vieran colmados por el placer de la pertenencia y la posesión de lo deseado.

Me di vuelta buscándolo frenéticamente pero un rayo de luz insolente, atrevido, soberbio y recién nacido, me dio a entender que sólo él era ese amante secreto y soñado que acariciaba mi espalda encendiendo con su calor mis instintos más íntimos, secretos y ardientes.

Marta

El Juego de la vida

He trocado cosas con la vida, y la ganadora resultó ser ella.

Ella, que todo lo puede, que nada perdona, que cada paso que da es sabiendo a ciencia cierta cómo y dónde será el próximo.

Vivimos tan de prisa disfrutando, llorando, ¡viviendo!, que no nos damos cuenta de que día a día pagamos el peaje de uno nuevo, y que eso implica que nuestras arcas vayan disminuyendo sistemáticamente.

Creemos ganarle a la vida. ¡Qué ilusos!.... le ganamos sólo lo que ella permite que le ganemos, pues está sentada tranquila, esperando en el desgrane de los días, quedarse con nosotros.
Y aún así seguimos amándola porque en ella tenemos todo. Lo bueno que disfrutamos y lo malo, que lo aceptamos, lo sufrimos, lo toleramos, lo superamos.

Pero para tenernos contentos nos va regalando cosas.

Nos regala la Experiencia para que sepamos que el humano se equivoca, y en base a ello tratar de no cometer el mismo error. A veces lo logra, otras no, pero ya no depende de ella, sino de la especie misma.

También nos la regala para que le contemos a los demás nuestras vivencias, nuestras frustraciones, los caminos mal recorridos, y así podamos ayudar a que no incurran en nuestras mismas equivocaciones.

Nos regala la Sabiduría , pero de vida, de entender a los demás, quizá no justificar, pero sí entender.

Más vivimos, más se van haciendo elásticos nuestros juicios. No tenemos ya la inflexibilidad del adolescente ni la parcialidad del adulto.

Dejamos de prejuzgar para decir…._si, pero_ …y en ese “pero” va implícito una vaga forma de entendimiento y aceptación.

Nos regala la Paciencia cambiándonos la premura por la parsimonia. El correr sin pensar, por el caminar pensando.

Nos enseña que saber esperar es más productivo que correr alocadamente. Que esperando se llega. Que corriendo… pocas veces llegamos.

Nos hace Premonitorios porque intuímos en la gente sus intenciones con sólo mirar sus ojos, y a través de ellos descubrimos sus almas, sus afectos, su razón de ser.

Y así continúa regalándonos efectos. Trocando, cambiando, sacando, prestando.

Y mientras eso sucede sigue deshojando las hojas de la vida en el trébol de nuestros sueños e ilusiones.

Marta 19-02-2010